A los adolescentes manchegos les sorprendió ayer la crudeza de Maroa, la película hispano-venezolana a la que asistieron como parte de la actividad programada por sus institutos en colaboración con Amnistía Internacional y el Cine Club Municipal.
En total, fueron 428 estudiantes de cinco institutos más una quincena de profesores los que estuvieron presentes en el teatro Quijano de Ciudad Real para asistir a la segunda proyección del ciclo Cine y Derechos Humanos.
Claro que una parte de los más de cuatrocientos adolescentes presentes en esta sesión matinal encontró la película un poco «parada», con lo que tomaron la decisión de hacer pequeñas escapadas hasta el hall del teatro para volver al patio de butacas a los pocos minutos. De todos modos, en el tramo final de la película, cuando llega a su desenlace, ya nadie abandonó su asiento.
La responsable de esta actividad por cuenta de Amnistía Internacional, Mar Cabanes, actuó también como presentadora de esta producción firmada por Solveig Hoogesteijn, así como las bases de los concursos de redacción, dibujo y poesía en los que sólo podrán participar quienes hayan asistido a esta proyección. Es decir alumnos de los institutos San Juan de Ávila; El Torreón y Atenea, de Ciudad Real y San Juan Bautista de la Concepción, de Almodóvar del Campo; y Clavero Fernández de Córdoba, de Almagro.
Diego García de las Bayona, un estudiante de 17 años de Almodóvar del Campo, definió la película que acababa de ver como «una muestra de la vida de las personas de allí (Venezuela)». El joven que además forma parte del grupo escolar de AI organizado en su centro, valora especialmente «la situación en la que están los niños de la calle», como un ejemplo de contravención de los Derechos Humanos.
Elena Romero, almagreña de quince años, se declaró encantada con el personaje de la niña protagonista, así como su vinculación con la música a través del colegio, aunque al mismo tiempo lo que más le impresionó de la cinta fue «la vida de la niña, lo que sufre y lo que podría ser su falta de futuro, pero que al final acaba siendo feliz gracias a un maestro con la música».
Romero también critica que las autoridades (policías, asistentes sociales) que aparecen en la película, «no tienen respeto hacia Maroa y hacia nadie».
Por su parte, Jaime Roldán, profesor de Filosofía del Instituto Juan Bautista de la Concepción, del que ayer acudieron al cine casi un centenar de alumnos, explicó que esta película incide directamente en el currículo de la asignatura de Ética. «Muestra como los Derechos Humanos en algunas partes del mundo no se cumplen y como hay que luchar para que países como Venezuela salgan adelante», comentó.
El profesor vinculó esta actividad con el trabajo del grupo escolar de Amnistía Internacional que funciona en su centro, el único que hay activo en la provincia, que incluye la asistencia ayer al teatro Quijano dentro de un programa más amplio que se desarrolla a lo largo de todo el curso.
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